Este es un blog personal para escupir algunas ideas, responder algunos ataques, corresponder algunas caricias, y combatir casi todas las opiniones

martes, abril 29, 2008

El poder lobotomiza: de la prensa chicha a la prensa chichi




La nueva ética del periodismo que practica Cecilia Valenzuela se resume en estas palabras que me escribió hace unos días: “no necesito que Melisa Patiño mate, robe o estafe, para convencerme que debo luchar contra el neoterrorismo que amenaza mi país.”
Cecilia Valenzuela “sabe” –sin pruebas- que Melissa es terrorista y se acabó.
Un terrorista es una persona que mata, roba, engaña, secuestra y usa estos crímenes para infundir terror en una colectividad.
¿A quien ha matado, robado, aterrorizado, estafado, engañado Melissa Patiño?
La respuesta es irrelevante para Cecilia Valenzuela y para el ministro Alva Castro, éste patrocinó su detención y encarcelamiento, sin pruebas; aquella defiende esa detención con una maldad solo vista durante el régimen del delincuente Fujimori y su prensa chicha.
Cecilia es parte del gran combo que ha hecho añicos el principio que sostiene a nuestra frágil democracia, se ha sumado a quienes han minado desde dentro el Estado de Derecho. Los derechos humanos son una mierda ahora en el Perú: Ganó Cipriani, ganó Giampietri, ganó La Razón y Martha Chávez, ganó Fujimori, ganó Abimael y ganó Polay.
No sé por qué Cecilia acuña la palabra neo-terrorismo, porque lo que conocemos todos los peruanos es el terrorismo a secas. El terrorismo del MRTA y el de SL. El terrorismo de Estado también, el de los Telmo Hurtado y el de los generales de Los Cabitos.
Terrorismo es uno, venga de donde venga: siempre hay una población desarmada, y al otro lado, gente con poder de herir a miembros de una sociedad desde el anonimato o desde la patética mentira.
Melissa Patiño acudió a Ecuador con todos los prontuariados que ha reseñado Cecilia Valenzuela en su programa: Melissa nunca lo ha negado, está en el atestado, solo una precisión: no los conocía.
Asistió al evento, también lo ha declarado, pero no sabía que iba a estar rodeada de tanto movimiento radical.
Recibió un pasaje de Roque Gonzáles La Rosa, el ex emerretista (o emerretista, yo no lo puedo ni negar ni afirmar) tampoco lo ha negado.
Tomó agua, usó anteojos negros, cargó la banderola y se cubrió la cara en la marcha, todo eso lo ha declarado.
Pero ¿qué parte de la historia no comprende Cecilia Valenzuela?
¿No comprende que Melissa recibió la invitación de manos de Luis Enrique Amaya, director del programa de radio donde ella participaba en la producción? ¿Qué su viaje se decidió la noche anterior como lo ha declarado Amaya? ¿Qué precisamente los pasajes comprados no tenían nombre porque Roque Gonzáles La Rosa no sabía que Melissa iba a Ecuador?
Valenzuela ha acusado al IDL a APRODHE (y a su torpe carta) y a quienes defendemos a Melissa Patiño de defender a las farc: es un insulto para quienes nos quedamos en el país y resistimos la época oscura del terrorismo y luego una dictadura criminal.
Cecilia argumenta falazmente que no respetamos a la policía antiterrorista que detuvo a Polay y Guzmán. Si los hombres que detuvieron a estos criminales estuvieran aquí, dudo mucho que habrían perdido el tiempo y el respeto deteniendo a una muchacha de 20 años que un día antes le pedía permiso a su madre para que la deje ir a un viaje a Ecuador, de 5 días, con todo pagado.
A Guzmán y a Polay los atraparon verdaderos héroes que hicieron un intenso e impecable trabajo de inteligencia para protegernos a los peruanos de los crímenes de estos sujetos e incluso para proteger a sus propios detenidos.
Quizá estos policías, al ver esta captura, se rían, como los periodistas ahora nos reímos –cuando nos pasa la indignación- de Cecilia y de su (neo)periodismo zonzo, hueco, deleznable e institucional.
Qué triste es ver cómo el poder va comprando como en el mercado a las conciencias.

viernes, abril 18, 2008

Un afiche de mel


¿El caballo del hortelano mata y deja matar?





"Eran personas que participaban en una revuelta bloqueando una carretera y estaban contra la ley e inclusive SE DICE que querían quemar el grifo", ( (El Comercio, 18 de abril, página 7, palabras de Alan García Pérez, presidente constitucional del Perú, “explicando” por qué dos personas fueron asesinadas en Ayacucho, durante un paro promovido por campesinos).



Si estas palabras te las dijeran de tu padre o de tu hermano muerto, ¿qué sentirías?


A Fujimori nunca se le ocurrió decir tal barbaridad. Miles como yo estuvimos en las calles exigiendo que se largara y no volvimos a casa con una bala en la nuca: para eso, el dictador usaba a sus escuadrones de la muerte.


¿Tienes un abuelo pensionista que alguna vez se sumó a una marcha de protesta a exigir que le paguen? ¿Tienes algún hermano universitario que se paró frente a palacio a pedirle al dictador de turno que se largue? ¿Tienes una madre profesora, o una tía, que alguna vez salió a exigir que le suban el sueldo?

Imagina que hoy salen a protestar por la mañana y en la tarde te los devuelven con dos tiros en la nunca por que DICEN que IBAN a quemar una comisaría o a destruir un patrullero.

¿La pena de muerte existe en el Perú?

¿Se decide por argumentos proporcionados por la telepatía?

La fabula decía que el perro del hortelano no comía ni dejaba comer.

Este será el caballo que quiere cambiar la fábula por ¿mata y deja matar?

Yo le enseñé a mi hijo que la policía peruana tiene armas en las manos para protegerlo, que si se perdía se acercara a uno porque él lo cuidaría ¿Cómo le digo ahora que ya no se si los policías en quienes confiábamos a lo mejor tienen órdenes de disparar si descubren telepáticamente que tienes intención de… cualquier cosa que digan o que se les ocurra…?

La policía y la ciudadanía deben decirle basta a García. La débil democracia que tenemos no se merece ser minada desde dentro por aquellos a quienes les encomendamos vigilarla y fortalecerla.

Las armas de los policías deben ser usadas, si son usadas, contra delincuentes.

Peleamos por una sociedad de ciudadanos libres y por una sociedad democrática.

Queremos que la fuerza policial sea constitucional y proteja la vida de incluso aquellos que están equivocados o que han transgredido la ley.

Nos protegen las leyes, todas perfectibles, y respetarlas nos hace dignos de vivir en comunidad.

Ningún mandatario, menos uno elegido entre los restos de una elección donde no quedaba ni el menos malo, puede pisotearla ni tergiversarla en función de sus oscuras patologías y deseos.

Yo voté por García, ahora recuerdo mis arcadas.


miércoles, abril 09, 2008

Melissa Patiño recibe apoyo legal del IDL, (Lima 9 de abril 2008)

Sigue secuestrada en un penal de alta seguridad y el poder que la retiene no muestra prueba alguna de su culpabilidad.

El Instituto de defensa Legal IDL (www.idel.org.com) ha asumido la defensa legal de Melissa Patiño, organización que se suma a la alerta mundial del PEN club Internacional, institución que alguna vez presidiera nuestro compatriota Mario Vargas LLosa y que lucha en todo el mundo por vigilar el estricto cumplimiento de la libertad de opinión y la defensa del Estado de Derecho.

La familia de Melissa había recurrido a un primer abogado que llegó a ellos por medio de la Iglesia a la que pertenece la madre: éste no era un penalista e ignoraba cómo manejar la situación; semana y media después tuvo que abandonar el caso.

Los familiares se habían negado a aceptar el apoyo que podían ofrecer APRODEH y el IDL, y menos querían que los abogados de los otros detenidos, a quienes Melissa Patiño ni siquiera conocía, se ocuparan de la defensa.

La familia respondía así a la campaña mediática que ha convertido en sospechoso de terrorismo a cualquiera en este país, donde ahora existe el “contrabando ideológico” y a la que se han sumado diferentes medios de comunicación y periodistas tan notables como Cecilia Valenzuela y Angel Paez, que reprodujeron, en este caso, sin criba ni cotejo y sin cruzar información alguna, los partes dictados por el Ministro del Interior y el actual jefe de la policía.

Esto ha contribuido ha crear un clima donde pronunciarse sobre un problema social puede acabar metiéndote en la misma bolsa con subversivos o verdaderos agitadores políticos inclinados a la violencia.Un alto funcionario del IMPE comentó off de record a una conocida periodista peruana que lamentaba que quienes iniciamos esta campaña en defensa del derecho de la ciudadana Melissa Patiño estuviéramos ahora "implicados" en el caso.

Pues los “implicados” en esta defensa del Estado de Derecho sabemos que es la única forma de combatir moralmente a los movimientos subversivos que quizá siguen vivos en este país.Los implicados en esta defensa del Estado de Derecho sabemos que, como ciudadanos, tenemos el derecho y el deber de vigilar y denunciar a los funcionarios del Estado que usan el poder que les hemos encargado en beneficio propio.

En este caso específico, denunciamos la inepta gestión del Ministerio del Interior y de la Policía peruana que, como todos sabemos, cuenta con policías experimentados que desmantelaron, en los años 90, con el uso de la inteligencia, a dos movimientos tan sanguinarios como el MRTA y Sendero Luminoso. Hoy, esa inteligencia no se divisa, cosa que debería preocuparnos, más aun cuando vemos que los recursos de inteligencia, que debían destinarse a atrapar delincuentes –comunes o subversivos– son invertidos en perseguir al hijo del Ministro del Castillo y quizá -y esto hay que probarlo aún– a poner aparatos de escucha a periodistas de El Comercio.Quienes iniciamos esta cadena de solidaridad para defender a Melissa Patiño como amiga, y como una ciudadana afectada por un abuso de poder perpetrado por incompetentes funcionarios del Estado, agradecemos a quienes creyeron en nuestra palabra y se sumaron a su defensa sin pedir las “pruebas” de inocencia que al parecer es necesario ahora exhibir en el Perú para no ser señalado como terrorista.

Quienes sabemos cabalmente que Melissa Patiño no milita en movimiento subversivo alguno; que ni siquiera, como yo -y disculpen que haga esto tan absolutamente personal-, es simpatizante de Chávez (lo que tampoco sería un delito) seguimos exigiendo al poder que la tiene secuestrada que muestre alguna evidencia de su culpabilidad o que la libere inmediatamente.


Nos han preguntado por qué solo la defendemos a ella: la respuesta es muy simple, ni siquiera conocíamos el nombre de los otros detenidos, y cuando Melissa Patiño llamó desde Tumbes para informarme que estaba detenida y acusada de terrorismo, comenzamos a difundir su caso porque a ciencia cierta sabíamos que ella no es culpable de lo que la acusan.

Pero creemos que defender a un ciudadano de los abusos del poder es defender a todos los ciudadanos: alguien pagará ante la ley por este abuso y entre ellos estarán un ministro incompetente, un jefe de policía que se ha comportado como vigilante nocturno, un fiscal sumiso a los dictados de poder y un poder judicial que no cumple con su papel: velar porque la justicia y la ley nos protejan a todos los ciudadanos.

Javier Enrique Arévalo Piedra
Escritor e “implicado”

miércoles, marzo 12, 2008



¿Por qué no son liberados los detenidos en tumbes contra los que la policía, ni la fiscalía tiene prueba alguna?
Melissa Patiño














Por una sencilla razón: Luis Alva Castro necesitaba un psicosocial que desviara la mirada del la prensa para borrar de un plumazo el hecho de que varias personas murieron en Ayacucho en un extraño enfrentamiento entre manifestantes y la policía.


El psicosocial de Tumbes debía poner ante los medios de comunicación a “7 terroristas” detenidos por la eficiencia del trabajo de Luis Alva Castro y su jefe de Policía. De esta forma, pretendían quedar ante la opinión pública como los súper agentes del orden y de la paz que todos necesitamos, después de todo, los grupos subversivos que operaron en el Perú en los años 80 y 90, el MRTA y Sendero Luminoso, son todavía fuente de repulsa, de odio y de temor entre la población peruana.


Presentar a los detenidos en Tumbes como senderistas, emerretistas o terroristas internacionales ante una prensa que repite los partes policiales, antes de investigar y averiguar, le habría dado a Luis Alva Castro algunos minutos de fama en el concejo de ministros: de hecho, la Ministra Mercedes Araoz salió inmediatamente a felicitarlo por la captura.


Pero luego de las investigaciones, ni los fiscales en Lima, ni la policía, han encontrado prueba alguna para sostener una demanda ante un juez.


La policía sostiene que dos de los detenidos Roque Gonzales La Rosa y Damariz Velasco Huiza, militaron en el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA): el verbo está en pasado en todos los partes. El delito de terrorismo contempla pertenecer a un grupo subversivo, no haber pertenecido. Parece que el primero estuvo en la cárcel dos veces. Ahora los acusan de “planear atentados”, lo que quiere decir que si son llevados a corte, no podrán ser juzgados porque los delitos no han sido cometidos y nadie puede ser condenado por un delito que no cometió: así es la ley, y así funciona en un país civilizado.


Lo que nos queda como ciudadanos es exigir a la policía que los vigile de cerca, pues si son parte de un renacido MRTA y siguen con la cantaleta de declararle la guerra al Estado peruano, me imagino que debemos tenerlos con marca personal, mismo Reyna con Maradona.


Los otros cinco detenidos son acusados de “instigar al terrorismo internacional” por haber participado en un encuentro político cultural en Quito.


De los cinco, Melissa Patiño, acudió en reemplazo de un conductor y director de programa radial en Stereo Villa, fue en calidad de promotora cultural y productora radial. Hay videos en los que se la ve en una marcha en Quito contra el imperialismo yanqui (me imagino que eso es lo que decían los vocingleros. No sabemos de persona alguna que en algún país del continente haya sido detenida porque asistió a esta marcha: esto solo ha ocurrido en el Perú.


El hecho es que con estos elementos, un fiscal, un juez, un jefe de policía y un ministro de Estado decidieron la detención de los 7 de tumbes.


Casi 10 días después, quienes exigimos el Fiscal o la Policía muestren una prueba de algún delito perpetrado por Melissa Patiño, seguimos esperando.


Pero no habrá prueba alguna porque Melissa es inocente. Y no lo es porque sea poeta, o escriba versos, solo lo es. No nos toca a nosotros demostrar que es inocente, ese trabajo es del fiscal y de la policía, para eso les pagamos.


Pero ¿por qué no salen en libertad los detenidos contra los que no existe prueba alguna?
Esto es muy sencillo y muy perverso: Luis Alva Castro estaría presionando a su jefe de policía PNP Octavio Salazar para que encuentre una forma de que los siete acusados sean culpables de algo, de cualquier cosa, con tal de que no queden él y su jefe de policía como unos torpes policías incapaces de dar un buen golpe al terrorismo internacional.


El fiscal de Zarumilla, Orlando Sánchez, se habría prestado al juego. Ahora quiere llevarlos a Tumbes, nuevamente, para “seguir sus investigaciones” allá, cosa rara porque ninguno de ellos vive en Tumbes. Si hubiesen planeado algo, sus bombas, sus rifles y toda su parafernalia de terroristas internacionales ¿no estarían al alcance de ellos, es decir, cerca de donde viven, o sea, en Lima?


El Ministro está sometido a un proceso de interpelación por las torpes e ineficientes maniobras que ha realizado en el Ministerio del Interior.


Si todo esto es así, Luis Alva Castro estaría utilizando su poder como Ministro y manipulando las leyes y el aparato del Estado para fines políticos personales. Esto quiere decir que si comprobáramos lo escrito líneas arriba, debería ser enjuiciado, junto a su jefe de policía y a su fiscal por varios delitos empezando por el abuso de poder y detención ilegal.


Defender a Melissa Patiño es defender el derecho de todo peruano a vivir en una sociedad donde un funcionario público no puede usufructuar el poder que se le encarga para fines personales. Melissa no está detenida ni por sus ideas, ni porque es poeta, ni porque es gestora cultural, ni por ser estudiante, es todo eso y es inocente.


Melissa sigue detenida porque Luis Alva Castro no pude darse el lujo de mostrar una vez más lo que es: un torpe funcionario del gobierno de turno, un mediocre militante de un partido que recibió en las urnas una nueva oportunidad después de propiciar un descalabro mayúsculo en los años 80: al parecer, el descalabro continuará.


La torpeza de Alva Castro y del gobierno radica llevar la política a las páginas policiales de los diarios. Enfrentar a Chávez y sus petrodólares, que financian a una izquierda que aprovecha el descontento popular no necesariamente frente al sistema, sino ante las torpezas de un Estado ineficiente y estúpido: es una labor de confrontación ideológica, de esclarecimiento de objetivos.
Hacer política es educar: es tarea de todos nosotros defender una democracia a la que hemos rescatado de las garras de una dictadura, y mantenerla alejada de los discursos que siguen creyendo que la revolución social y la felicidad pasan por el comunismo y antes por la lucha armada.


Defender a Melissa Patiño es defender un principio que sostiene a la Democracia: los funcionarios públicos no pueden usufructuar al Estado, son servidores de los ciudadanos y deben ser vigilantes de que sus derechos sean respetados

Javier Arévalo, escritor

viernes, febrero 01, 2008


Recuento de regalos inútiles para Teresa







A ver,


¿qué podría regalarte por tu cumpleaños?


Mi cuerpo no,


porque no sería un regalo para ti


sino para mi.


Mis sueños no,


porque son inatajables.


Mi cariño, que ya lo tienes,


sería una redundancia.


Mi alegría no porque soy


más bien latoso y aburrido.


Quizá un objeto cualquiera,


que aparezca por la calle.


Pero los objetos, no sé a ti,


a mi se me pierden.


El mundo, redondo y bonito,


no te lo puedo dar porque creo que ya es tuyo:


nada más hay que verte parada en medio de la calle


para saber que todo es para ti.


martes, enero 15, 2008

veo a mi hijo y me recuerdo


Me miro y me descubro un tío. Hace poco tenía 14 años, hace menos 21. Tengo las mismas ganas, me río de lo mismo y de más, sigo queriéndolo todo y todo a la vez, la belleza continúa rompiendome en pedacitos el alma y los sesos y subirme a los sardineles sigue siendo una broma que le hago a mi equilibrio, como mirarle el culo a las chicas es un pasatiempo todavía inofensivo para mi corazón, sigo siendo feliz jodiendo a mi prójimo, pocas veces me peino, la ropa me sigue llegando como si me la comprara mi madre y normalmente alguien se ocupa de lo que voy a hacer por las noches o los fines de semana; me baño rápido y me visto lento, todavía me encanta estar desnudo y caminar descalzo por la casa, amo contar historias y que me las cuenten, tengo todavía alergia a los estúpidos, odio con desmesura a los atropella ancianos, aún tengo una pistola por si un día todo falla, sigo creyendo que puedo transformar al mundo, me dan lástima los niños que se aburren cuando leen, más cuando son niñas porque serán tan brutas que solo las amara un bruto, o alguien que por ellas sienta lástima, detesto a los que no se atreven, me parecen feos los incultos, tengo un espíritu griego respecto al deporte y a la filosofía, soy un amuesha en mi relación con la naturaleza y un gringo en relación a los negocios, corro sin que nadie me persiga y me muevo porque creo que en otro lugar sucede algo que quizá estoy perdiéndome, me gusta el dulce rostro de las niñas y los cuerpos asentados de las mujeres mayores, me parece muy erótico una mujer inteligente que camina en un mercedez, sueño, escucho música, escribo, veo películas y de vez en cuando saco mi espada y me pongo a luchar contra lo que sea...

domingo, octubre 07, 2007

Gracias, señor, por tu venganza

Mi último hijo: hace más de 40 años, uno de esos gamonales explotador y estupradores, que nos ha legado la literatura andina, su mujer y sus hijos, fueron fulminados a balazos en un pueblo cercano al Cusco.

Cuando la policía se acercó para investigar, la gente del pueblo le dijo que un hombre, que sin duda alguna era, para ellos, Jesucristo encarnado, (con una pizca de Che Guevara), había sido el responsable.






Al día siguiente, la dictadura de turno en el Perú declaró la Reforma Agraria. La policía abandonó su búsqueda y quedó claro para todos que un cristo asesino había liquidado al gamonal y a toda la familia.

Ahora, en esa escondida comunidad del país, un pueblo entero adora a un Cristo que usa quepí de policía y pistolas. Sus miles de fieles le piden más que bendiciones, venganzas y muertes. Un fanático sacerdote del Opus Dei quiere acabar con ese culto pagano y herético, aunque para lograrlo deba quemar al pueblo y a sus habitantes. Un periodista ateo quiere contar la extraña historia de este enfrentamiento entre creyentes, sin darse cuenta de que el fuego de Cristo puede quemarlo a él.





Un fragmento de la novela:



Los sujetos de camisas negras y cuellos blancos han querido hacer creer que sufro algún tipo de paranoia. Siembran dudas en torno a lo que digo y eso es peligroso para mi supervivencia porque soy escritor y periodista y vivo de decir, de escribir, de publicar: algunos no me creen cuando les cuento que una banda de sacerdotes me persigue, acosa y amenaza.
Yo también preferiría no creerme.

miércoles, setiembre 12, 2007

ME PIDEN UNA DEFINICIÓN

Dejemos las cosas claras, mi estimado Juan Cristobal, respecto a ideologías y creencias...

Soy un anarquista. Creo que la lucha fundamental de los seres humanos debe ser contra todo tipo de acumulación de poder.

Pero no es muy funcional ser un anarquista y vivir en una comunidad porque todos los seres humanos no comparten los mismos valores, de modo que debe existir un mecanismo para recodarlas (la ley) y una entidad que vigile su respeto y su ejecución en nombre de todos (el Estado)

En este sentido, soy un social demócrata, palabras bastante desprestigiadas por los mismos socialdemócratas que en sus prácticas reales las han rebatido y negado, como los hombres del comunismo hicieron lo suyo con su sistema.

De modo que soy un marxista porque creo que Groucho Marx hizo del humor un privilegio de los seres inteligentes, y marxista porque creo que Marx (Carlos) tenía razón cuando dijo que la realidad ha sido suficientemente interpretada, y de lo que se trata es de cambiarla.

Pero no creo en la visión economicista y determinista del marxismo que confiere a mis ideas una condición de residuo de mi posición como mono pretencioso en la cadena productiva.

Y soy ateo, con lo cual todo idealismo me parece iluso y triste, propio de buenas personas que se han dejado enamorar por el cariñoso discurso humanista y cristiano.

Entonces, soy un convencido de que la revolución única es la del hombre sabiéndose libre y sujeto solo a su libre albedrío.

Que esta condición es alcanzada por quienes descubren que la vida es un tránsito absurdo hacia el polvo del que vinimos.

Que la libertad humana es una conquista personal, no de tropas, ni de masas, ni de proletarios o burgueses.

Y que la mejor forma de vivir es la de imaginar el mundo en el que queremos vivir y trabajar para que ese mundo ocurra.

Por eso, repudio a los que se creen vaqueros y se montan en el caballo con la pistola al cincho convencidos de que son los iluminados guiadores de los pueblos: todos esos fanáticos épicos me parecen despreciables, entre ellos che guevaras y fideles castros, que son capaces de seducir con la palabra, pero ejercen con el cuchillo en la mano.

Me gusta un mundo con gente que ama crear y que sabe a ciencia cierta que la muerte es parte de la vida y la espera con estoicismo, pero no la promueve.

¿Dónde hay un sistema que se parezca al que quiero? Nunca habrá porque los seres humanos tienen miles de años sobre la tierra y han sido incapaces de crearse “un sistema” para que todos sean felices.

Yo no creo que los sistemas sean el origen de todo o el remedio de todo. El individuo es el germen de todo, es la medida de todo.

Los seres humanos han sido felices al margen de los sistemas, lo que pone en evidencia que los seres humanos son capaces de ser felices al margen de los sistemas que los gobiernan, y en cambio a los que promueven tal o cual sistema sí les importa controlar el ánimo de los seres humanos porque todos los sistemas, sin excepción, buscan controlarlos (de buena fe, de mala fe, con malas y buenas intenciones, no dudo que todo revolucionario pistola en mano cree que hace el bien, también Jesús lo creía y hasta el Papa tiene esa idea ilusa)

Todos los seres humanos tenemos intereses.

Todos los seres humanos pagamos intereses.

Así que no creo en sistema alguno, pero trabajo porque exista un sistema ideal basado en el respeto a la libertad, donde la gente tenga la libertad de hacer lo que le venga en gana.

Creo en el trabajo, en la libertad individual, en la convención que se hace colectiva, en los acuerdos sociales.

Creo en la ley (que siempre ha de ser perfectible), en el sistema democrático.

Repudio a los militares y a los militaristas de todo tipo, de izquierda y de derecha.

Creo en el control del poder y en su repudio, y en su inevitable uso, siempre bajo control.

No creo en presidentes, ni en líderes, ni en iluminados.

Simplemente no tengo fe en nada, soy un materialista, creo en lo que produzco, en lo que veo, en lo que invento, en lo que miento y creo que soy capaz de lograrlo todo, como cada ser humano que pisa la tierra.

Creo en la voluntad, que es el espejo del mundo, es decir, otra ficción.

jueves, agosto 16, 2007

Homenaje a Wittgentein

Nada es real,

todo

es cuatro letras,

tú no existes,

yo tampoco,

Ahora que estamos

de acuerdo

podemos inventarnos

miércoles, julio 18, 2007

Estar en las calles


Muchas veces he estado en las calles, esta foto es de una marcha que hicimos hacia palacio de gobierno en el 98, cuando teníamos el deber como ciudadanos de hacer que la dictadura de Fujimori cayera.

Hoy, miles de personas están en las calles. Hoy no tenemos una dictadura. Estamos construyendo una democracia. Tenemos un país que crece económicamente, y no lo puede hacer uniformemente porque no somos todos iguales. Socialmente, demasiados están en desventaja. Hay quienes saben que tienen derecho a educarse, hay quienes comprenden el mundo en el que viven y tienen la capacidad de ocuparse de sí mismo, y demasiadas personas incapaces de insertarse en la generación de riqueza.

El país no cuenta con un capital humano capaz de generar su propia crecimiento o de insertarse en el proceso de generar riqueza al lado de otros.

Para crecer como país debemos crecer como personas. Esto es basicamente educarnos, siempre, permanentemente.

viernes, agosto 18, 2006

¿Para qué escribimos Oswaldo?

Javier Arévalo
¿Quiénes creen ellos que somos, Oswaldo? Es más ¿quiénes son ellos, Oswaldo y quienes nosotros?
Un día, Oswaldo, algunos de nosotros decidimos escribir, así como otros un día decidieron ser cajeros de banco o abogados, alcaldes o editores de libros, congresistas o carpinteros, curas o banqueros, (cosas parecidas, los curas y los banqueros, si se dan cuentan, viven de la ingenuidad de los otros, administran fondos y comen bien en nombre de un señor).
Tal vez la única diferencia entre Ellos y Nosotros es que cuando salimos de los empleos que nos permiten vivir, o mal vivir, ellos encienden la tele, salen al cine o dan de comer al gato, justo cuando nosotros nos ponemos nuevamente a trabajar, que es escribir.
¿Puedes creer Oswaldo que un periodista cultural insinuó alguna vez que yo escribía porque me gustaba aparecer en los diarios?
Tú, los conoces, sabes de sus taras, de sus pequeñeces, de sus medianías, y has sonreído tantas veces frente a la ignorancia de estas huestes de salvajes, frente a estos inmortales eunucos que viven de morder y roer el hueso del poder, gente de la que estamos tan lejos.
¿Por qué será, Oswaldo, que nos preguntan tantas veces por qué escribimos?
Yo no sé por qué escribes, pero agradezco que lo hayas hecho, porque sin El escarabajo y el hombre a mi vocación de escritor le habría faltado aliento y estribo. Y sin una frase tuya, esa que habla de la limpia moral de los cuerpos, a propósito de los Eunucos Inmortales, a la alegría de mi cuerpo le habría faltado tema para vivir con soberana intensidad su fiesta.
No sé si el público me entiende Oswaldo y no es que deje de interesarme que me entiendan. Pero yo te hablo a ti, porque este es un homenaje de escritor a escritor, y también es un homenaje de alumno a maestro.
Y digo maestro con cuidado porque todos sabemos que has hecho práctica habitual de abominar de los talleres literarios. Y sin embargo Oswaldo, hemos estado largas horas, varios días, alrededor de tu mesa de póker, expuestos a tu feroz lápiz limpia basura, borra idioteces, elimina estorbos.
Ese lápiz que ha recorrido palabra por palabra nuestros cuentos y novelas y rompió la ingenuidad de alguno que podía haber creído que para escribir bastaba un poco de inspiración y algunas hojas en blanco.
Nos enseñaste la dura tarea de enfrentarse a uno mismo, porque eso es corregir un texto, decirte en la cara pelada “mira lo idiota que eres, cómo puedes escribir tantas sandeces, borra y hazlo de nuevo.”
Quién puede aguantar tanto suplicio. Sólo pocos, algunos elegidos.
Qué maravilla Oswaldo haberte tenido de amigo y por amigo, de maestro. Y es curioso que nunca nos hayamos preguntado ¿para qué escribimos?
A nadie se le ocurre preguntar para que tomas cerveza, para qué contemplas atardeceres o escuchas una sinfonía de Bach o de Queen. Pero sí preguntan ¿para qué escribimos?
¿Para qué escribes Oswaldo? Yo sé que no es ni para la fama, ni siquiera para que se publique el libro, tampoco porque creas que las injusticias caerían con algunas cientos de cuartillas.
Yo siento Oswaldo que escribes, como dijo el poeta, porque el amor y la ternura, porque la furia y la aventura, porque el dolor y la injusticia, porque la alegría y la lujuria, porque el laberinto nos acoge y las palabras nos liberan de la miseria elemental en que los seres humanos viven.
Tampoco escribes para la posteridad Oswaldo, porque hasta allá no llegaremos. Nosotros, ateos, sabemos que el amor es aquí, y también la tristeza. Tantas veces me lo has enseñado.
Nos vamos a quedar por aquí, en la tierra, para ser flor y gusano, otra vez. Para acaso ser memoria en la memoria de quienes nos quisieron, como Washington Delgado es memoria en nosotros, nuestro amigo. Y no porque, como dijo un idiota periodista, se murió de tristeza. Si no por todo lo contrario, porque él era la ternura y la cacha, el chiste y la alegría, el cigarro y el chocolate, el vino de marca y cuando no había plata, ya que importa, de caja, aunque fuera un chilenito barato.
Nadie nos quita lo bailado, Oswaldo, y nadie puede saber qué es escribir si no escribe. La experiencia es intransferible, como la experiencia del amor o de la gloria.
No me importa que suene pretencioso, pero diré que nuestro oficio nos hace dar un paso hacia esa cosa tan extraña que se llama la sabiduría.
Pero no me refiero a la sabiduría del santón místico que da respuestas mágicas y todos lo buscan y leen con la ilusión de que les resolverá los problemas. Aquí nadie quiere ser Paulo Cohelo.
Me refiero al único sabio posible que puede dar la naturaleza humana, es decir, un sabio que señala los problemas, que escarba en la realidad de las palabras y amplia el universo con facetas de lo humano de las que los humanos, o algunos humanos, todavía no tenían conciencia. Me refiero al sabio que hace laberintos, que entretiene a las personas, que los sabe desatar porque él los hizo y nos invita a mirar perplejos la maravillosa capacidad humana para crear más allá de lo creado.
Eso haces Oswaldo, en ese sentido eres sabio y quiero creer que alguna vez seré como tú.
Lo intento. Le digo a la gente que se mire en el ombligo de su naturaleza y se atreva a aceptar que es un animal con todas sus miserias y que si algunos centímetros ha levantado la cabeza del suelo en el que antes reptaba, eso no lo ha llevado a las esferas inmateriales de la divinidad, que a su vez es invento, sueño y espejo de estos monos pretenciosos que somos cada uno de nosotros.
Así que ahora tienes homenajes Oswaldo. Tú, como Fernando de Zsyszlo lo hizo en su momento, me dijiste: “a lo mejor sienten que ya me voy a morir.” Y la verdad es que ¿quién no se va a morir, Oswaldo?
La diferencia Oswaldo es que unos se mueren todos los días y no se dan cuenta.
En cambio tú, y gracias a ti, muchos de nosotros, sólo vamos a morirnos una vez porque nos hemos dado cuenta de que aunque somos piezas de un engranaje universal, que no podemos controlar, somos también voluntad y vocación.
Tenemos vocación para ser lo que queremos ser y voluntad para no ser aquello que ellos quisieran que fuéramos. Y estamos tan comprometidos con nuestra fantástica pretensión de ser lo que nos da la gana ser que lo ponemos por escrito y encima lo vendemos.
Es maravilloso ser escritor, Oswaldo, aunque no ganáramos un céntimo. Nadie nos ha comprado, ningún patrón nos dice qué debemos pensar ni cómo debemos decir las cosas. Estamos solos con nuestras hojas de papel y cuando terminamos, si nos publican, genial, y si no, también.
Y a pesar de esta soberbia que nace de una profesión curiosa ¿te has dado cuenta que siguen preguntando por qué escribimos? Y lo hacen con pena, como si fuéramos una sarta de locos bolivianos con vocación de cazadores de ballenas.
Así nos ven, Oswaldo, tipos decididos a cazar ballenas aunque vivamos en medio de los andes. Eso es lo que ellos ven.
Pero lo más extraordinario de desear cazar ballenas en los andes es que salimos con nuestros arpones y regresamos a casa con ballenas Oswaldo, y ellos no lo entienden.
¿O acaso no es intentar cazar ballenas esto de estar, tú y yo, en esa Comisión de cambio de aprendizaje de la lengua y la literatura a todo nivel del Ministerio de Educación? ¿Vamos a poder con la burocracia inepta de un Ministerio paquidérmico? ¿Vamos a poder penetrar las estructuras anquilosadas de líderes sindicales que aspiran a ser Risco un día y tener su curul para financiarse bien la vida durante cinco años? ¿Vamos a lograr con un curso de tres meses excitar la mente de maestros para que se descubran primero a sí mismos como líderes de espíritus y no como suministradores de datos?
Cazamos ballenas Oswaldo, y yo siempre creo, porque lo he visto, que regresamos con aceite y carne para pasar el invierno.
Me alegra mucho ser tu amigo Oswaldo, estar aquí y decirlo en público. Y a lo mejor si es verdad que me gusta el público y ese periodista idiota tenía razón.
Pero me resulta claro que estar frente al público no es un objetivo, sino una consecuencia.
Cuando me pediste que fuera uno de los oradores yo sonreí y sentí alegría.
No me hice tu amigo, Oswaldo, para que un día me dieras este honor. Yo tengo este honor porque has sido mi maestro y ahora eres mi amigo.
Muchas gracias.

lunes, diciembre 05, 2005

Texto de Gustavo Rodríguez

Esto escribió mi colega, amigo y hermano


PRESENTACIÓN “EL CAZABA HALCONES”
Por Gustavo Rodríguez



Querido papá,

Hoy estuve ordenando mi departamento para una mudanza cuando, de pronto, apareció una sonrisa en mis ojos: volví a encontrar en un estante la primera novela que me dedicaste hace veinte años. Aquí la tengo, a mi lado, con las páginas algo amarillentas, y ese halcón en la tapa que posa como un guardián de su contenido. Yo tenía doce años cuando me diste a leer su manuscrito y, al terminarlo, te dije que –para mí- era lo mejor que habías escrito en tu vida. Hoy soy un adulto con familia numerosa y, a pesar de que la crítica literaria te ha encumbrado más desde entonces, para mí esa novela sigue siendo lo mejor que ha salido de tus manos. No lo digo porque el protagonista se llame Gabriel como yo, y además tenga cosas que indudablemente son mías y tuyas. No, papá. Vuelvo a repetir este veredicto porque, al volver a leerla hoy, me di cuenta de que aquella novela explica el tipo de hombre en el que me convertí con el tiempo.
Tengo varios amigos que, cuando me hablan de cómo era su relación con su padre, se remiten a monosílabos. Aparentemente, cuando eran jóvenes, sus padres no supieron ganarse su confianza para hablar con libertad sobre lo que pasaba por sus cabezas, ya sea drogas, chicas o el por qué nuestro país funciona como funciona. Sus diálogos eran de saludos monotemáticos, y de lugares comunes. Lamentablemente, a mis amigos aquello se les nota ahora: me apena decirlo, pero debo confesar que cuando los escucho defender sus convicciones, los escucho recitar peroratas aprendidas que no siento razonadas. Tú eras distinto, papá. En cada pregunta que te hacía, tú no pontificabas la respuesta que considerabas que era verdad. Tú dejabas que la respuesta saliera de mí mismo. Tú dejabas que yo razone. En otras palabras: tú me respetabas.
En “El cazaba halcones”, tú respetas al lector de la misma manera en que respetaste siempre a tu hijo. Cuando quieres expresar una de las enseñanzas que la vida te ha dado, la desenvuelves con cariño, para ver si el lector la toma. De esto me di cuenta apenas al empezar la novela, cuando me presentaste a Edián, aquel chico extraño de las barriadas que cazaba halcones usando palomas como señuelo: “Quizá sea cierto que Edián no era un chico bueno, pero es bastante fácil juzgar a las personas, y mucho más valerse de las apariencias para no tener que agotarse conociendo a la gente”.

Ahora que escribo esta carta mientras ojeo la novela, me doy cuenta de la frescura con que tú y yo hablamos siempre de mujeres. Yo era tan sólo un niño, y tú ya bromeabas conmigo acerca de las chicas que te gustaban, obligándome de esa manera a ser sincero contigo y contarte también mis cosas. Quizá por eso el personaje de Mati, en la novela, me sea tan entrañable. La mamá de Gabriel, el chico protagonista, se ha casado con un señor que tiene una hija lindísima. Ella es Mati. Ella no sólo se sabe lindísima: sabe que Gabriel está enamorado de ella y, de alguna manera, se aprovecha de eso. Hoy que he vuelto a leer esos pasajes, recuerdo a todas las Matis de las que yo he estado enamorado en la vida real. Y me acuerdo de todas tus Matis de las que me has hablado. Y me enternezco. Cuando yo era un chiquillo y tú me contabas de manera divertida las ilusiones románticas de la gente de tu edad, sin saberlo me hiciste sentir seguro de mí mismo. Yo no era el único que fantaseaba con el beso de una vecina. O el único que calmaba el paso para ver si me encontraba con ella en la calle. Tú me enseñaste que todo el mundo lo hacía a su manera. Yo, dedicándole un gol en secreto a mi Mati de turno. Tú, dedicándole una novela a la tuya.

Acabo de ojear la novela nuevamente, y me he encontrado con el inicio de la trama: el padre de Gabriel es un periodista radial que tiene un cáustico y bien humorado programa que critica los excesos de la última dictadura en el país. Acabo de ver cómo narras aquello que le ocurrió al padre de Gabriel, y que te ocurrió a ti también: me acuerdo de mí mismo a los cinco años, ya viviendo con mi mamá cuando ustedes se habían separado. De pronto, te veo en el noticiero enfrentándote a una hilera de policías que, al final, te muelen a palos. Para mi mamá, eras hombre muerto. Para mí, fuiste un héroe. Al verte más tarde con chichones en la cabeza, te pedí que me relataras el episodio con tus adiciones a lo Power Rangers. Me hablaste de karate para darme gusto, y hasta hiciste esos movimientos cómicos de las películas de kung fu acompañándolos con el soplido de tus labios. Pero no dejaste que me fuera sin una enseñanza que hasta hoy retumba en mí, y que he vuelto a encontrar en un diálogo de la novela: “Hijo, yo no estoy orgulloso de haber golpeado policías. Solo fui a reclamar por el derecho que tenemos todos a ser ciudadanos y a ser respetados”.


Nunca te dije que cuando leí el manuscrito de esta novela a los doce años, estuve a punto de llorar durante un capítulo entero. Ocurrió cuando el papá de Gabriel desaparece, y se sospecha que ha sido secuestrado por la dictadura. La forma en que la gente se moviliza para encontrarlo mantiene al lector en vilo. La emoción de saber qué estaba ocurriendo con el papá de Gabriel hizo que yo galopara sobre las páginas y, sin embargo, un pensamiento me ataba a tierra: ¿qué pasaría si de verdad mi padre desapareciera? A lo largo de los años, he conocido gente que se sentiría aliviada de que esto ocurriera. Para ellos, esta dimensión de tu novela sería una forma de encarar la triste realidad de sus familias y, por lo mismo, posiblemente sería el primer paso de una liberación. Para mí, este episodio ha servido para darme cuenta de que tu desaparición sería un entreverado amasijo de nostalgia y gratitud. Me he dado cuenta de que, en realidad, toda tu vida me has preparado para el momento en que no estarás. Has sido tan sabio como la naturaleza misma, que ordena a los animales a que preparen a sus hijos para cuando llegue ese momento.

Voy a aprovechar esta carta, papá, para hacer un compendio de gratitud. Gracias por no pegarme cuando hacía pataletas de niño, sino por ponerte a hacer también pataletas a mi lado para ver lo estúpido que me veía. Gracias por buscar en Internet la información sobre las cosas que me gustaban, para tener más temas de qué hablar conmigo. Gracias por cocinarme cuando vivíamos juntos, y por no castigarme cuando yo egoístamente hacía a un lado el plato. Gracias por explicarme con ejemplos y anécdotas divertidas aquellas cosas que mis profesores sólo recitaban de un libro de texto. Gracias por darme a leer tus obras antes de que salieran, haciéndome sentir siempre como alguien que merece ser oído en la vida. Gracias, en resumen, por haber escrito esta novela y por habérmela dedicado en su momento.
¿Sabes? Durante mi vida he tenido la suerte de conocer a escritores casi tan buenos como tú.
Pero jamás he sabido de un padre tan bueno como tú.
Te ama,
Gabriel.

sábado, noviembre 26, 2005

La escuela es una comunidad de lectores… o no es escuela

Una comunidad de lectores es un conjunto de ciudadanos íntimamente ligados al consumo y a la producción de textos por desarrollo personal y desarrollo profesional. Estos textos llegan tradicionalmente a nosotros en forma de libros, aunque hoy existen otros soportes de divulgación.
Una comunidad de lectores se hace visible en una sociedad cuando palpita en ella una cultura libresca, con editoriales activas, cadenas de librerías formales, páginas de diarios y revistas dedicadas y espacios en la televisión y en la radio dedicadas al comentario de lo que se publica, debates sociales sobre las investigaciones hechas públicas.
¿Existe esto entre nosotros?
No
Si la escuela y la universidad no han sido capaces de generar comunidades de lectores, entonces ¿cuál ha sido y es su propósito? ¿No busca, la educación, fomentar la creatividad, la ambición de desarrollo humanístico, la actitud científica, la búsqueda de nuevos conocimientos? ¿Y acaso es posible imaginar todo lo dicho anteriormente sin lectura?
La visible ausencia de comunidades de lectores en el Perú es una de las más clamorosas evidencias del fracaso de la educación escolar y superior, pública y privada.
Los programas educativos se han equivocado al suponer que sólo las áreas de lenguaje, comunicación integral o literatura, son responsables del desarrollo de las habilidades para comprender y desarrollar textos.
Esta actitud ha liberado a los profesores de física, química, matemática e, incluso, historia, de la responsabilidad de explorar las ideas que sus estudiantes tienen de sus cursos y sus temas; de examinar (y evaluar) sus opiniones, hipótesis o descubrimientos, a partir en textos que sumen coherencia lógica a elocuencia estilística.
En el seno de las asignaturas que no son del área de comunicación, existe la excusa recurrente según la cual la responsabilidad de estos maestros no es “enseñar a leer o escribir”.
Un maestro que no forma parte de una comunidad de lectores es un profesional limitado que no lee ni escribe.
¿Por qué un profesional de la educación no lee ni escribe?
En general, un profesional que no lee ni escribe, es decir, un profesional funcionalmente analfabeto, no practica la escritura porque carece de ideas para divulgar y de conocimientos para exponer y esto es una consecuencia de su ausencia de lecturas y de investigación.
Una de las mejores formas para incorporar a los maestros a una comunidad de lectores es creando clubes de lectura y talleres de escritura creativa para los maestros, en el interior de los colegios.
Fomentar el espacio para la discusión abierta y libre, de lecturas; el intercambio de libros; son algunos de los recursos a los que debemos apelar para recuperar el prestigio que ha perdido el privilegio de ser parte de una comunidad de lectores.
La promoción de librerías familiares es otro paso importantísimo. Los chicos tienen derecho a que en sus casas existan bibliotecas familiares. El uso de libros prestados confiere al libro una condición de temporalidad que no corresponde con el aprecio al objeto que tienen los miembros de una comunidad de lectores.
Un libro debe ofrecer la posibilidad de su relectura, de su hojeo, y de su préstamo.
Una biblioteca personal es un objeto en si mismo y una marca de prestigio.
Solo alguien con biblioteca personal sabe del orgullo silencioso que se siente cuando alguien nos pregunta ¿y todos estos libros has leído?
Hacer que ese orgullo sea más común es también una de nuestras tareas.

lunes, noviembre 07, 2005

La vocación o el privilegio de pensar y escribir en el Perú

Un buen día, Ciorán, el escritor franco-húngaro, le dijo a su madre que pensaba suicidarse. "No es posible", le dijo ella, "y yo que tuve que decidir entre que nacieras y el aborto".
Un conflicto de vocaciones; ella no se había sentido llamada a ser madre, pero lo fue. Él no se creía llamado para vivir, pero lo hacía.
No sé de qué manera compensó, la madre, su ausencia de emoción maternal; a lo mejor, se encontró con ésta a medida que la descubría.
Lo que sé es cómo Ciorán se encontró con la vida: despreciándola. Pero también atacándola desde sus textos. No tuvo hijos, aunque tuvo libros, docenas de ellos que explican o exponen su peculiar comprensión de la existencia, que algunos podrían reducir a una aceptación cínica de que estamos metidos en esto y hay que llevarlo acuestas hasta que la cuesta se acabe.
La vida es sistemática y metódicamente aburrida. Algunos sueños inventan los seres humanos, algunos ideales se plantean, para hacerla más interesante. La vocación es uno de esos sueños.
Algunos creen que han sido tocados por un fuego interior que los impulsa a seguir una ruta; con intensidad, con fijación, con terquedad, y no cesan en su camino.
La vocación es un llamado que presenta hacia el futuro el itinerario de una odisea. La aventura es una palabra que necesita un fin para que tenga sentido. Todo aquel que parte, no puede ignorar que el camino de regreso existe y que el punto de partida es el punto de llegada.
Pero se parte ¿hacia dónde?
Hacia un nebuloso, poco claro, destino.
La fama, la fortuna, el amor, ¿qué están buscando? ¿Hacia donde lo conduce, a uno, la vocación?
Pues no se sabe con precisión, precisamente porque el final es aquello que toda vocación no quiere que ocurra.
La vocación conduce, instala al llamado, en el convocado, y en el tránsito de realizar aquello para lo que fue solicitado.
El tránsito es el verdadero destino, la sensación de realización mientras se realiza.
La conquista es la muerte del propósito.
Alcanzar un sueño es matarlo.
Todo esfuerzo es vano, pero todo vano ha de ser llenado con un esfuerzo. Y mejor si olvidamos la palabra esfuerzo y lo llamamos actividad. Se parece a esta frase: Imposible es amar a todas las mujeres, dice ese viejo novelista llamado Jorge Amado, pero es cosa de hombres intentarlo.
Así que estamos aquí, intentado ser, yo escritor, ustedes no sé, abogados quizá, escritores, o nada, porque realmente no saben qué hacen aquí. Un día se miraron al espejo, salían del colegio, y les preguntaron qué vas a estudiar y como no se les ocurría nada dijeron derecho, se aprendieron algunas respuestas, ingresaron a la universidad y con falsas alegrías se dejaron rapar.
¿Pero los conmueve una vocación? La vocación es un capricho.
Cuando yo tenía catorce años decidí caprichosamente ser escritor. Y me propuse serlo en una sociedad, como la mía, poblada de analfabetos funcionales, ya no avergonzada, sino orgullosa de su ignorancia y su desprecio por la inteligencia, como bien lo ha sostenido el escritor Rafo León.
Un escritor en Lima es como un vendedor de refrigeradoras en el polo norte. “Además de no dar sitio en su seno a la literatura, dice Vargas Llosa, nuestras sociedades han alentado una desconfianza constante por este ser marginal, un tanto anómalo, que se empeña, contra toda razón, en ejercer un oficio que en la circunstancia latinoamericana, resulta irreal.”
Dicen que los taxistas peruanos son los más preparados del planeta, porque todos son universitarios sin empleo.
Yo creo que es al revés: son taxistas precisamente porque han sido preparados sin tener en cuenta para qué se sentían llamados. Y a sí, uno sólo sirve para recibir órdenes de algún empleador. Si los dejan sueltos en plaza solamente son capaces de preparar una hoja de vida, un currículum (hemos aprendido latín), y a pararse en esas largas colas para dejar el sobre esperanzado. Si no los contratan, pues se convierten en taxistas.
¿Tendrá algo que ver el hecho de que las artes y las letras, esos espacios de libertad, esos actos privilegiados de quien piensa y crea porque le da la gana, no forman parte de nuestro estudiante común?
Incluso la novela, la más vulgar de las expresiones artísticas, es también de elite en mi país.
Pero no es una elite formada por burgueses acomodados, como podría pensarse. Es una elite bastante democrática, está formada por gente que el azar ha reunido. Los pocos lectores que tenemos en esta ciudad no son de una clase determinada, los hay muy ricos y muy pobres, pero todos tienen en común el hecho de que trabajan para seguir creando, o para seguir gozando de aquello que los creadores les entregan.
El espacio de la cultura es mínimo, pero aunque mínimo, es pujante.
No quiero sumarme a esos locos que ven en cada acontecimiento (la muerte de Marilyn, la destrucción de las torres) un complot, pero creo que aquello que llamamos “la cultura” es un espacio al que muy pocos acceden, en parte también por voluntad del poder dominante, que le teme.
Los economistas llamaron a los ochenta La década pérdida: Había razones para hacerlo: la ominosa falta de liderazgo del Belaundismo (que nos hundió tan minuciosamente en lo que vendría); la estupidez y la inmoralidad hecha presidente en el gobierno de Alan García (que nos descalabró con patanería y elegancia), más la sangre derramada por la violencia del terrorismo y la respuesta a mansalva de los militares.
Todo esto nos dejó no sólo en una pobreza extrema material, sino también espiritual, de valores presagiada por esa canción de los no se quien y los no sé cuanto: por cinco lucas ahora te compras a cualquiera.
Pero en medio de los escombros, las canciones continuaron sonando, y los cuadros pintándose, y los cuentos y novelas contándose, y los poemas dijeron en su lenguaje lo que había qué decir, y nunca hubo tanto teatro como en aquellos años.
Hemos tenido en rojo la economía (pero cuándo, en realidad, la hemos tenido de otra manera), y sin embargo, el saldo en el campo de la cultura fácilmente nos haría elegibles en cualquier FMI de las artes y las letras.
A mi, no sé a ustedes, los que se quejan demasiado me incomodan. Quiero que sepan que esto no es una queja, es una descripción. Estoy pintando el escenario donde un escritor peruano crea.
De qué vocación les puedo hablar sino es de mi vocación “sin editores, sin lectores, sin un ambiente cultural que lo azuzara y exigiera, el escritor latinoamericano ha sido un hombre que libraba batallas sabiendo desde un principio que sería vencido.”
Ya saben, no me quejo, describo. Yo no sabía que iba a perder las peleas, pero peleo siempre creyendo que voy a ganar. Y no sé si he ganado, aunque siento que mi dignidad está intacta. En este infértil campo un escritor escribe ¿por qué? ¡Si la fama es de Gisela, si los políticos ganan en un mes lo que un maestro ganaría en cinco años, si los futbolistas son ídolos aunque no metan goles y quien se pasa la luz roja sin chocar no es un avezado imprudente con rasgos esquizoides, sino un pendejito!
Pero a pesar de todo esto, el Perú no puede destruir a todos sus creadores, lo intenta, y algunos sucumben, pero siempre hay otro que toma la bandera, porque son sus propias banderas, las únicas que tiene, las de su vocación.
Es un asunto personal, como lo ven. Yo escribo porque me da la gana, y no espero que vengan a ponerme laureles. Si no me leen acá, pues me leerán más allá y si nadie me lee, qué voy a hacer. Lo hago porque un día decidí hacerlo, si eso se parece a la locura, pues estoy de manicomio.
Felizmente alguien me ha leído, dos novelas mías han tenido reediciones, una está agotada, me publicaron en España el último libro que ha sido traducido al Portugués ¿es lo que buscaba? No voy a negarles que me encantaría que se vendieran mis libros por millones, para no tener que preocuparme por las cuentas a fin de mes. Pero aunque ese es uno de mis sueños, no es mi propósito. La vocación es algo como besar a tu hijo, abrazar a tu padre, aunque lo odies, porque te da la gana. Nadie espera que al hacerle el amor a tu novia te ganes un premio, si te lo dieran, bien, qué mejor, pero sino, el premio ya ha sido dado.
El poder en todas partes es mediocre, y es difícil acceder a él sin mancharse.
La literatura es una forma de rechazar el poder, porque la literatura, la de verdad, la que nace del fuego interno de un escritor que mira el mundo fascinado, pero sabiéndolo imperfecto, y señalando sus lunares de carne por doquier, tiene siempre el poder de convulsionar el alma de sus lectores, los obliga a preguntarse sobre aquello que leyeron, que finalmente es el mundo en el que creen y del que quizá, después de la lectura, comenzarán a desconfiar.
Tengo para mí que mi vocación fue, es y sigue siendo la de escritor. Es decir, cuando no soy padre, periodista, amante, fotógrafo, editor o feliz peatón de los que caminan para descubrir a dónde vamos, lo que soy fundamentalmente es un escritor. Esa es mi vocación. Si algo de lo que digo es incómodo, interesante, revelador, entonces creo haber cumplido mi propósito.

jueves, setiembre 15, 2005

El psicoanálisis es una ficción

El psicoanálisis es una ficción

Construimos un relato para explicar y comprender el mundo. Usamos el lenguaje para construir ese relato. El lenguaje nos da una representación del mundo, y acaso, es el mismo mundo, porque el mundo humano es, en última instancia, solamente lenguaje.
En la representación que del mundo tienen algunas personas, el psicoanálisis (cualquiera de los psicoanálisis existentes) trabaja en la mente de las personas.
El símil del trabajo en una mente es la de una sala llena de muebles (ideas, recuerdos, emociones), que el psicoanalista puede desplazar de donde están, que puede desaparecer de donde estaban y que, en su lugar, puede colocar otros muebles.
El psicoanálisis tiene la capacidad de hacer esto. En tanto relato, el psicoanálisis, mediante su terapia, posee el poder de colocar “muebles” y quitar otros de la mente de las personas.
Cada uno de nosotros, como también los psicoanalistas, tenemos un relato marco que es, para cada uno de nosotros, la representación que nos hacemos del mundo.
Si el psicoanálisis logra remover “muebles” de ese mundo (¿cuáles saca y cuáles pone?) y esta remoción ayuda a las personas, pues muy bien, así el psicoanálisis se suma a las disciplinas existentes que las personas imaginan y sienten que las ayudan a mejorar sus vidas.
La remoción de "muebles" (ideas, recuerdos, emociones), es parte de la naturaleza humana. También lo hacen los libros de autoayuda (la lectura), la psicología, la religión y en todos los espacios de socialización en los que se permite participar una persona existe la posibilidad de que adquiriera nuevos “muebles” y remueva los viejos.
La pregunta no es quién o qué remueve los muebles, la pregunta fundamental es qué ocurre con esa remoción, qué sentido tiene, qué ocurre o qué debe ocurrir.
Toda expresión lingüística es una metáfora del mundo:
¿Qué es el mundo?: el conjunto de todas las oraciones posibles.
El mundo son hechos y estados de cosas que solamente tienen sentido para nosotros cuando los ciframos en lenguaje.
Tú y yo somos, en parte, "muebles": "ideas", "conceptos" "sentimientos" y hechos y estados de cosas. Somos cosas y somos oraciones.
En tanto oraciones, existimos debido a un metaprograma que nos permite existir. Ese metaprograma es el lenguaje.
El lenguaje es un metaprograma que informa a la realidad.
Este metaprograma corre en un hardware.
La parte física por la que corre el software es el sistema neurológico.
Cuando una persona asume que tiene “problemas psicológicos” es porque aprendió que existen “problemas psicológicos”.
“Problemas psicológicos” es un programa que se instala y se desinstala de alguna manera del soporte neurológico.
Un niño, por ejemplo, que camina desnudo por su casa ¿tiene pulsiones exhibicionistas porque hace esto?
Una persona adulta, que anda exhibiéndose desnudo por allí, podría creer que tiene un “problema psicológico” porque hace lo mismo.
O podría no creer en semejante cosa y asumir que los otros están locos por no exponer su belleza física ante el mundo.
Ambas personas reaccionan ante una misma acción concibiendo esa acción en forma absolutamente distinta: la realidad para cada uno de ellos es distinta. Una se esas personas (el niño) ignora lo que significa exhibicionismo, carece del programa necesario para comprender el hecho.
En la representación que las dos personas adultas se hacen del mundo, andar por la casa calato no significa, ni motiva, ni provoca sentimientos, ideas o conceptos similares.
Esto quiere decir que podría haber un exhibicionista “enfermo” o con “problemas psicológicos” y un exhibicionista “sano”, en función a la alegría o el dolor que le producen sus propias acciones.
La inteligencia, es decir, esa facultad que empleamos para alcanzar metas y que nos evita exponernos al dolor o a la punición inútil e infructuosamente, indicará a cada uno de ellos cómo vivir su exhibicionismo y en función a esa inteligencia usufructuará su condición: uno podría volverse stripper y ganar dinero y ser feliz mostrándose, el otro se ocultará por allí y se mostrará ante quienes no lo quieren, porque lo hará con culpa.
En ambos casos ¿importa por qué lo hacen?
Seguramente el exhibicionista culposo se preguntará ¿por qué soy así? Y se torturará con esa pregunta insondable. Estoy seguro de que el gozador de la exhibición de su cuerpo, no andará con esas honduras metafísicas y esos “problemas psicológicos”
Psicología, en su acepción original, es poner el alma en palabras.
Hoy, la palabra psico hace referencia a la actividad mental.
La psiquis, como actividad mental, se refiere al soporte neurológico.
El soporte neurológico por sí mismo no significa nada.
Lo que significa el mundo son los programas que corren en él.
La psiquis no dice, el que dice es el programa.
El psicoanálisis echa mano a la hermenéutica para desentrañar el entramado de programas que corren en la psiquis.
Como toda disciplina, el psicoanálisis parte de un metarrelato determinado: este metarrelato varía según la escuela que elija el psicoanalista. Según lo adelantado que esté en las nuevas interpretaciones del libro original. Y según su capacidad de aceptar, o no, que el maestro dio pautas y un procedimiento, pero nunca un dogma.
Conocer todas las posibles oraciones que dan forma al relato del psicoanálisis es conocer el psicoanálisis.
El hermeneuta psicoanalítico identifica en las palabras del analizado un discurso encriptado que supone proveniente del inconsciente.
El discurso encriptado se verbaliza en algún momento, pero previamente se manifiesta, según el psicoanálisis, en expresiones, sensaciones, emociones, comportamientos que el sujeto analizado no comprende por qué se producen.
Una de las preguntas fundamentales del psicoanálisis es ¿por qué?
¿Por qué me visto de mujer?, ¿por qué no puedo amar a mis hijos?, ¿por qué robo?, ¿por qué le tengo miedo a las alturas?, ¿por qué soy un obseso de la pornografía?, ¿por qué bebo?
La búsqueda de un porqué lleva tiempo. Muchos psicoanalizados pasan largos años frente a un analista (o a varios analistas) que los conducen hacia la formulación de una respuesta: esa respuesta coloca otro mueble en la sala y muchas veces quita algunos.
Mientras más muebles en la sala, más enorme es nuestro mundo y más rico es.
Por ejemplo, una chica bulímica vomita para verse más flaca. En el psicoanálisis, esta chica, probablemente, tiene un problema de autoestima, un desarreglo emocional con su madre, una historia oscura con su padre.
No sabemos si lo tiene, pero según el metarrelato del psicoanálisis, debe tenerlo, es imperativo que sea así, porque de lo contrario no se entiende por qué vomita y por qué se hace daño.
El psicoanálisis, como toda disciplina, debe saciarse primero a sí mismo porque lo contrario neutraliza la eficacia de su práctica.
El psicoanálisis busca responder a una pregunta: ¿por qué?, y tiene que responderla porque, si no lo hace, fracasa.
Si la respuesta cura o no, es otra cosa. El supuesto es que conociendo el origen (el trauma original negado y sepultado en el inconsciente) la persona puede enfrentarlo, actualizarlo y superarlo.
Lo que me pregunto es: ¿la respuesta que emerge en el análisis es verdadera?
Cabe preguntarse, ¿qué es lo verdadero?
Lo que digo y cuento al analista ¿es verdadero? ¿Lo que deduce el psicoanalista a partir de lo que cuento, es verdadero?
La duda central que tengo con el psicoanálisis está anclada en este hecho concreto: el análisis produce un relato, una narración que supuestamente está ligada a un acontecimiento real del pasado, o sea, es un hecho.
Para los lacanianos, si ese “hecho” se relaciona o no con lo “acontecido realmente” importa poco, pues lo realmente trascendente en la psiquis de una persona es lo que cree o lo que no cree, y las características que esta persona adopta en el contexto de su relato.
La verdad positiva no importa. El acontecimiento real es irrelevante, pero no el acontecimiento simbólico.
En el psicoanálisis clásico, el acontecimiento narrado tiene que ser "real" para que la curación proceda; curación en el sentido de actualización del hecho, experiencia del dolor actualizado, comprensión de los actos, emociones, sentimientos, en función a ese hecho primigenio originario de casi todo lo demás.
A partir de este momento, de la actualización del dolor, se plantea la “¿curación?”
Si yo me “pinto”, en este relato personal, sacado de mi inconsciente durante el análisis, como “el malo”, “la víctima” o “el bueno” respecto a contextos y personajes primarios o secundarios ¿cuáles de estas imágenes recurrentes de mí mismo están paralizando, frustrando, mi calidad de vida?
Para revertir los daños provocados por esta forma de “representarme” debo construir otro relato que lo neutralice.
En Programación Neurolingüística las personas obvian buscar el porqué de un acto y se centran en lo que obtienen con ese acto, es decir, cuando olvidas preguntar por qué y te centras en el para qué, obtienes la descripción posible de una consecuencia.
Por ejemplo, las respuestas de una muchacha durante un tratamiento sobre anorexia y bulimia.

Pregunta: ¿Para qué vomitas?
Respuesta: ¿Para estar flaca?

La respuesta al para qué es inmediata. La respuesta a por qué, no lo es.
El porqué supone una interpretación que apela a la representación que del mundo tienen la persona analizada y el analista, situación que siempre pone a la respuesta en la esfera de la ficción.
Este juego de intercambios de mundos, de contratrasferencias, intelectualmente es interesante y, en sí mismo, debe ser gratificante: exponerse a un oráculo o a un sacerdote o a un mago es un comportamiento atávico.
Cuando transfieres a una persona la responsabilidad de asumir sus actos (o la ausencia de esos actos) con la claridad de sus propias palabras, encuentras que los "muebles" comienzan a moverse en función de posibles nuevos actos.

Este es un diálogo con una bulímica.
Pregunta: ¿Para qué vomitas?
Respuesta: Para estar flaca.
P. Sí, ¿pero qué sucede cuando vomitas?
R. Expulso lo que acabo de comer.
P. ¿Sientes placer al hacerlo?
R. No.
P. ¿Estás flaca para algo en especial?
R. Para verme bien.
P. ¿Te vez bien en el baño, cada día, cuando vomitas?
R. No.
P. ¿Te gusta verte o que te vean vomitando?
R. No.
P. ¿Conoces otras formas de estar flaca y que no sea vomitando?
R. No.
P. ¿Si lo conocieras dejarías de vomitar?
R. No sé. No conozco otra forma.
P. ¿Quieres verte bien?
R. Sí.
P. ¿Te gustaría verte bien sin tener que vomitar?
R. Sí.
P. ¿Sabes que si sigues vomitando vas a morir?
R. Sí.
P. ¿Quieres morir?
R. No.
P. ¿Quieres morir vomitando?
R. No.
P. ¿Quieres verte bien pero de una manera que no sea vomitando?
R. Sí
P. ¿Dejarías de vomitar si hubiese una manera de hacerlo sin vomitar?
R. Si hubiese una manera, sí.

Esto diálogo busca la modificación de un programa instalado en la mente de la persona.
La Programación Neurolingüística es una herramienta desarrollada tras la fusión de dos disciplinas (la lingüística y la informática) que estudiaron la forma en que algunos logran alcanzar resultados exitosos.
Voy a describir las acciones de una depresión que trabaje con PNL, antes incluso de conocer las técnicas de esta herramienta. En 1995 sufrí una depresión que me mantuvo 3 días en cama mirando el techo. Dejé de ir al trabajo (entonces era redactor de El Comercio). Me mandaron al psiquiatra y éste me dio descanso psiquiátrico.
El psiquiatra me dijo que tenía una depresión profunda. Ya lo sabía, la pregunta era cómo salir. Y la otra pregunta que podría haberme inquietado es ¿por qué tenía esto?
Acepté el descanso psiquiátrico, pero no fui a la terapia porque me recetaron pastillas y mi ex esposa me dijo entonces: “Tú eres fuerte, no necesitas pastillas, no necesitas vivir en un mundo artificial.”
Viví en el parque con mi hijo durante un mes completo y en ese mes descubrí que mi hijo gozaba persiguiendo palomas. Nunca las atrapaba, pero se mataba de risa al perseguirlas y al verlas volar. Tenía un año y medio, creo. Una vez, una paloma no voló, se quedó allí, acurrucada. Era una paloma moribunda. Mi hijo no la agarró, se asustó. Esa imagen se quedó pegada en mí. Luego he construido con ella un relato poderoso, para mí, que se ha convertido en un programa de vida. Yo corro, como todos los seres humanos, tras un sueño (muchos no tienen un sueño) pero a veces la vida no consiste en alcanzarlo, sino en tenerlo y correr tras él. Correr es el asunto, perseguirlo, estar en acción, porque no hacerlo es quedarse en una cama mirando al techo.¿Por qué me quedé mirando al techo tres días?
Hoy, no quiero ni necesito saber el por qué. Aunque podría tener (de hecho las tengo) montones de interpretaciones y estoy seguro de que un analista me daría otras tantas y habría tantas interpretaciones como analistas me vieran.
Lo importante es que me levanté. Me propuse hacer algunas cosas y comencé a realizarlas y dejé otras que no me interesaban. Cuando conocí el PNL descubrí que era parecido a lo que pensaba del mundo. En mi novela Nocturno de ron y gatos, que escribí hace 10 años, existe la idea de que el mundo es un construcción hecha con palabras y que la novela es una máquina de sueños que multiplica la realidad.
Esta concepción del mundo conectaba perfectamente con algunos postulados de mi querido Wittgestein (juegos de lenguaje, mapas mentales, que conocí luego de escribir mis novelas) y con mi postura frente al arte: es decir, “poesía no dice nada, está callada, oyendo su propia voz”
La poesía es la realidad, y es infinita. Nadie tiene LA INTERPRETACIÓN verdadera, la hermenéutica multiplica al mundo, es un juego, no es la verdad. Nada explica la realidad, el lenguaje solamente puede representarnos un mundo y es metafórico. Cada uno de nosotros posee un relato marco que es el mundo que conocemos y no podemos hablar de aquello que nos es imposible hablar porque no tenemos oraciones ni palabras para nombrarlo. En el mundo de alguien que ha hecho psicoanálisis y le funcionó para algo, el psicoanálisis es importante: porque el objetivo, el para qué, está cifrado en una meta que fue alcanzada. El Buda hablaría de la libertad esencial que es el conocimiento y el desasirse de aquello que te atrapa.
El lenguaje nos atrapa, o sea, el mundo, mientras más embrollado tu mundo, más asido estás y más laberíntico te parece el universo y menos salidas conoces.
La discusión es un placer de los que pueden discutir y yo creo que puedo darme ese lujo, es más puedo creer que tengo además de la potestad de darme el lujo, la capacidad para mostrar a otros, otro mundo.

jueves, setiembre 01, 2005

La "política" al estilo Hola



Me voy a aprender el nombre de cada jefe de información de los programas noticiosos de mi país y si álguien los conoce, por favor, envíemelo. Así podremos hacer una lista de todas las salvajadas a las que nos tienen acostumbrados.
1. Canal 4: veinte minutos del hermano del presidente tirándole piedras a un reportero.
2. Canal2: Veinte minutos en los que una reportera le pregunta al mismo enérgumeno hermano del presidente por qué no responde. Y el sujeto no responde. Gran hazaña: luego respondió con monosílabos y un castellano de lobotomizado.
3. Todos los canales: escenas en camara lenta de los cadáveres desperdigados por la selva después de caído el avión de tans.


1. Que el hermano del presidente use una camioneta del Estado es ilegal: no es un funcionario, en consecuencia, que tenga en su poder propiedad del Estado lo hace sospecho de robo.Y los robos se colocan en la sección policial. Si el presidente determinó que su hermano use esa camioneta, tal decisión también sería ilegal y colocaría al presidente en la condición de infractor de las normas: asunto también policial. Pero la lógica de los jefes de información es que todo acto realizado por un político es político. Político es, entonces, el nepotismo, el tráfico de influencias, el robo, una violación, el alcoholismo y la infidelidad. Y como todas estas cosas son "políticas" ya lo político de verdad, es decir, aquellas decisiones de Estado que afectan mi vida, mi economía y mi salud, se convierten en temas incomprensibles y crípticos de los que ni siquiera los periodistas quieren hablar.

Lo "política" es show mediático o no es "político". La línea Hola se ha impuesto en todo. Si no hay una traición, un insulto, un robo o una denuncia, no hay ya periodismo político.

Podríamos hacer una encuesta entre los periodistas para descubrir sus sensibilidades respecto a diversos temas y cómo los defininen:

¿Qué podría ser político y qué policial?

El ministerio de educación ha impreso un millón de libros para ser distribuidos entre alumnos peruanos.

a- ¿Cuánto costó esa impresión?

b- ¿Qué contienen los libros?

c. ¿Quién los escribió y quién los editó?

d. ¿Por qué los imprimió una empresa en la que el hermano del Minsitro es presidente del directorio?

e. ¿Quienes son los beneficiados? ¿Quién los va a distribuir?

La política, como decía Mario Bendetti, es, en su mejor acepción, una forma de amar. La política obliga a las personas a usar el poder. Pero muchas veces, el poder es lo único que se usa y es el único fin. La política me interesa en función a las consecuencias que traen las decisiones de los políticos respecto a las leyes que dictan y la forma en que ejecutan las decisiones de gobierno. La ejecución tiene que ver con la calidad de los servicios que proporciona y la transparencia en el uso de los recursos que se les ha asignado que administren.

Aun hay gente que dice: no me importa que robe si hace el colegio o la carretera: esta frase es perversa y delata al ignorante e inmoral que la formula. Pero detalla una situación: la ejecución de una acción pública tiene una esfera de juzgamiento: el beneplácito del usuario que pagará al servidor eligiéndolo o despidiéndolo.

El abuso del poder público en la acción público en forma de robo, nepotismo, deja de ser político y se convierte en un acto privado entre el personaje público y el Estado que colisiona con las normas vigentes y con la ley. Situación ésta que debe ser vista por la policia y el poder judicial y por las secciones policiales y judiciales.

¿Esto tornaría aburridas las páginas de política? Quizá sí, o quizá no, eso siempre ha dependido de la habilidad del periodista para convertir en historia aquello que sucede.

martes, agosto 30, 2005

Los anónimos, las alimañas

La diatriba es una cosa extraordinaria. La cobardía, en cambio, es absolutamente vulgar. Cuando juntas diatriba y cobardía, obtienes un mejunje insulso. Uno de los ingredientes más sabrosos de la diatraba es el rostro y el nombre de quien la emite. Admirable se vuelve quien ataca de frente, y se atreve a recibir los golpes de los atacados. Lanzar la piedra y esconder la mano es tan triste como buscarle pleito a un ciego. El anonimato uniforma a las alimañas que tienen en común la atávica costumbre de quitarle el cuerpo a la luz. La moda de enviar correos electrónicos llenos de insultos, algunos ingeniosos, otros francamente estúpidos, pone en evidencia la calidad de los que escriben, no su talento. El talento es, realmente, algo bastante común; la valentía no. La paradoja de los cobardes es que aunque prescindibles, jamás son escasos. Por el contrario, los valientes, a quienes la gloria acompaña, siempre han brillado, incluso por su ausencia.

lunes, agosto 29, 2005

Él cazaba halcones



Todos quisiéramos que nuestro padre fuera un héroe. El padre de Gabriel lo es, y está en peligro.
Escribí una novela en la que buscar al padre no tiene ese significado "profundo" psicoanalítico, sino que significa efectivamente buscar al padre que ha sido secuestrado. El país es propiedad de los dueños de siempre, administrados y gobernados por los corruptos de siempre. En esta sociedad de periódicos, radios y canales de televisión comprados, un periodista lanza desde su pequeña señal en una pequeña radio, una denuncia que involucra a generales corruptos, asiduos compradores de casas y terrenos con plata del Estado.
Tres días después de lanzar su primicia, desaparece.
Gabriel es hijo de este hombre: tiene quince años, una hermanastra hermosa de la que está enamorado, que a su vez tiene un novio cuyo mote es El troglodita, con el que mejor es no cruzarse.
Gabriel es aficionado a las computadoras, a la música, hace ejercicios, aunque con flojera, y quiere tener un halcón en su casa porque en la ciudad, los chicos han adoptado esta moda.
Su vida es como la de cualquier muchacho (su padre se niega a tener un halcón en casa) hasta que su padre desaparece, entonces se convierte en un drama político, policial.
Escribí esta novela en 1998, digamos que la comencé a escribir y la abandoné porque otras novelas se inmiscuyeron. Ha sido publicada ahora por NORMA en su colección Zona Libre, lo que quiere decir que forma parte del grupo de libros que se encaminan a ser integrantes de los planes lectores que se desarrollan en los colegios.
Ýo la escribí para contarle a mi hijo la historia de los sujetos más amables del planeta que de pronto son absorvidos por la carroña de la corrupción, simplemente porque creo y se que la carroña roe y avanza sobre todos y todo, aunque no quieras meterte un día te alcanza y las consecuencias siempre son incalcublables y perversas.

sábado, agosto 27, 2005

Javier Arévalo, biografia básica

Mis padres bailaban a Pérez Prado y escuchaban boleros, que hasta ahora escucho yo. Era el año 65 del siglo pasado, un 14 de noviembre, en Lima, Perú. Nunca recuerdo la hora y no sé por qué. Desde entonces he respirado, una costumbre que ojalá no se me quite pronto, como otras costumbres tan saludables que desde esa fecha practico.
Pasé el colegio sin darme mucha cuenta, ahora creo que fui un niño genio porque aprobé todo y nunca estudié. Seguí periodismo de casualidad y quizá porque no había otra opción para mí. Un amigo me había dicho: "en el periodismo te pagan por escribir" y como yo entonces era casi un profesional de la escritura (escribía introducciones a las asignaciones de mis amigos y también cuentitos eróticos por los que me ganaba un pan con pollo o un keke con chocolate), acepté meterme a la escuela de periodismo.
Mi experiencia en el colegio había sido tan traumática, por aburrida y mediocre, que no quería volver a ningún aula. Pero volví. Tenía 14 años cuando decidí ser escritor. ¿Existía algún lugar donde se siguieran cursos para graduarse de escritor?
No.
Todavía no existe ese lugar (y ojalá que nunca exista).
Publiqué mi primer libro de cuentos a los 23 años, se llama Una trampa para el comandante. Concytec me dio plata, mucha diría. Jamás había visto tanto dinero junto. Había presentado un presupuesto enorme para imprimir 500 ejemplares. Entregué 200 a la institución financiera, pero yo publiqué mil. Se los entregué casi todos a Diselpesa, una distribuidora de entonces, y cada mes iba y recogía un cheque; me sentía un escritor.
Con la mitad del dinero me fui a vivir a una casa de Miraflores que estaba en ruinas. La iban a tirar para construir allí unas oficinas que albergaran a una ONG. Viví seis meses comiendo huevos duros y papas sancochadas, hasta que se me acabó el dinero. Quedé flaco como un perro flaco. Luego publiqué Nocturno de ron y gatos (Peisa, 1994), una hermosa novela, según alguna novia, algunos amigos y varios críticos (otros dicen que no vale nada, pero a esos no hay que escucharlos). Después se me metió en la cabeza que nadie, en este país, sabe ser editor. Que los editores publicaban sin sentido alguno del markenting. Como yo había seguido unos cursos de marketing creí que podía aplicar algunas ideas para mejorar la venta de los libros.
Publiqué mi novela Instrucciones para atrapar a un ángel (Signotres editores, 1995). Vendí montones de ejemplares y obtuve dinero para reimprimir mi primer libro de cuentos, pero con algunos nuevos relatos. Lo llamé Previo al silencio (Signotres editores, 1995).
Publiqué algunos otros libros en mi sello, de otros autores, pero con ninguno de ellos gané dinero como con los míos y entonces quebré.
En 1997 publiqué una novela llamada Vértigo bajo la luna llena (Alfaguara 1997). Llevo como siete ediciones vendidas de ese libro que casi publico con otro nombre porque fue escrita después de una invitación hecha por la editora de entonces. Al escribirla en una semana, me di cuenta de que era todo un profesional en esto de crear escenas, suspensos, intrigas y acción.
El beso de la flama (Opera prima 2001) apareció en España más tarde. Fue maravilloso irme a la madrastra patria a presentarla. Me sentí un escritor de verdad. Al año siguiente, la novela apareció en Portugal con el nombre de "O beijo da chama" (Quasi Edicao 2002).Fue traducida al portugués de Portugal, cosa que no me ayuda en nada para que se publique en Brasil. Así es el mundo.
Mientras tanto, publiqué un libro de cuentos titulado infamemente Colorín Colorado, este cuento no ha terminado (Amores Libros 2003). Convertí a una estrella de la televisión peruana en un personaje infantil y la introduje en unos cuentos clásicos. Almendra Gomelsky se convirtió en Almendrita, una niña que antes de dormir reclama que le cuenten cuentos y como es traviesa se mete en ellos para intentar modificar el curso de la historia: vendimos como 5 mil ejemplares en menos de un mes, pero todos creyeron que Almendra lo había escrito.
A mí eso me tuvo sin cuidado.
A ella también.
Publiqué luego Él cazaba halcones (Norma, 2005), que ha sido super exitosa porque se agotó una edición completa y encima muchos colegios se quedaron sin usarla.
Como periodista, mi trabajo se ha ido al tacho, por culpa mía claro está, nunca me interesó ser periodista, y menos en el último quinquenio de la década pasada, cuando tantos se vendieron. Sin embargo, ahora extraño algo de las redacciones: la gente chispeante, brillante, graciosa.
Ahora colaboro de vez en cuando en Vogue y me encanta que mi fotito viaje por todo el continente en esa maravillosa revista que me hace escribir de cosas que ignoraba por completo hasta cuando las escribí.He publicado dos libros de texto para periodistas. Yo no tengo título académico alguno, ni siquiera puedo enseñar en la escuela donde estudié porque no terminé la carrera (que pienso pronto acabar por correo), y sin embargo, los nuevos periodistas aprenden con libros escritos por mi.Así son las paradojas del destino, como bien decía una tía mía, por las cosas que sucedían en la telenovelas a las que ella era adicta.
Ahora dirijo ENELPATIO, gestores culturales, una organización que promueve el desarrollo humano, la lectoescritura, la creatividad, la iamginación y la responsabilidad social de los individuos y las empresas.
Además, promoví y diseñé el Plan Lector Nacional que desde agosto del 2006 ha impuesto una meta de lectura a alumnos y maestros de 1 libro por mes: el objetivo es superar el analfabetismo funcional que condena a la pobreza a los peruanos y que no le permite a 8 de cada diez niños un desarrollo pleno de su economía, su profesionalidad y su personalidad.
Soy dirctor de ReCreo, con ermpresa con la que he vuelto al colegio, cosa que nunca pensé que me fuera a ocurrir.
Y escribo, claro, siempre escribo.